Tarta de queso y caramelo sin horno: una receta fácil y cremosa
Hay combinaciones que prácticamente siempre funcionan, y una de ellas es la del queso crema con el caramelo. La mezcla entre el sabor suave y ligeramente ácido del queso y el dulzor intenso del caramelo convierte esta tarta en uno de esos postres que resultan difíciles de olvidar.
Hoy vamos a preparar una deliciosa tarta de queso y caramelo sin horno. Es una receta muy sencilla, perfecta para preparar con antelación y servir bien fría. Además, cuenta con una base crujiente de galletas, un relleno cremoso y una generosa cobertura de caramelo.
Y sí, podemos discutir muchas cosas sobre repostería, pero hay una pregunta especialmente importante en esta receta: ¿cuánto caramelo es demasiado?
Mi respuesta es bastante clara: probablemente siempre se puede añadir un poco más.
Una tarta perfecta para preparar con antelación
Una de las grandes ventajas de las tartas sin horno es que podemos prepararlas con tiempo. De hecho, esta tarta necesita varias horas en la nevera para conseguir una textura firme y poder cortarla correctamente.
Por eso es una receta perfecta para preparar el día anterior.
Después solo tendremos que desmoldarla, añadir el caramelo y servirla.
El resultado es una tarta con una base crujiente, una capa central suave y cremosa y un acabado brillante gracias al caramelo.
Ingredientes para la tarta de queso y caramelo
Para la base
- 200 g de galletas.
- 80 g de mantequilla derretida.
Para el relleno
- 500 g de queso crema.
- 400 ml de nata para montar.
- 120 g de azúcar.
- 100 ml de leche.
- 1 cucharada de gelatina neutra en polvo.
- 1 cucharadita de vainilla.
Para la cobertura
- Unos 100 g de caramelo líquido.
Para esta cantidad de ingredientes recomiendo utilizar un molde desmontable de unos 20 centímetros de diámetro. De esta forma conseguiremos una tarta con una buena altura y un corte bonito.
Cómo preparar la base de galletas
Comenzamos triturando las galletas.
Podemos utilizar una picadora, un procesador de alimentos o simplemente introducirlas en una bolsa y aplastarlas con un rodillo.
Lo importante es conseguir una textura fina, parecida a arena.
A continuación añadimos la mantequilla previamente derretida.
Mezclamos hasta que todas las migas estén bien humedecidas.
Vertemos esta mezcla en el fondo del molde y presionamos bien con una cuchara, una espátula o la base de un vaso.
Es importante compactar correctamente la base para que mantenga su forma cuando cortemos la tarta.
Una vez terminada, guardamos el molde en la nevera mientras preparamos el relleno.
El relleno cremoso de queso
Para preparar el relleno colocamos el queso crema, la nata, el azúcar y la vainilla en un cazo amplio.
La gelatina neutra debe prepararse siguiendo las indicaciones del fabricante. Si utilizamos gelatina en polvo, normalmente necesitaremos hidratarla antes de incorporarla correctamente a la mezcla.
Calentamos los ingredientes a fuego medio-bajo y removemos constantemente.
No queremos que la mezcla hierva de forma fuerte. El objetivo es calentarla suavemente hasta que todos los ingredientes estén perfectamente integrados.
Cuando la mezcla esté caliente, incorporamos la gelatina ya preparada y removemos hasta que se disuelva completamente.
Obtendremos una crema bastante líquida, algo completamente normal en este momento.
No debemos preocuparnos porque la textura definitiva llegará durante el reposo en frío.
Montar la tarta
Sacamos el molde con la base de galletas de la nevera.
Vertemos lentamente el relleno de queso sobre la base.
Podemos hacerlo directamente o utilizar una cuchara para que el chorro caiga con más suavidad y no altere la superficie de las galletas.
Dejamos que la tarta pierda temperatura antes de llevarla a la nevera.
Después refrigeramos durante un mínimo de seis horas.
Sin embargo, mi recomendación es dejarla reposar de un día para otro.
Durante este tiempo la gelatina hará su trabajo y conseguiremos una tarta mucho más firme y fácil de cortar.
El gran momento: el caramelo
Cuando la tarta esté completamente fría y firme, podemos desmoldarla.
Este es uno de los momentos más satisfactorios de la receta.
Abrimos el molde lentamente y dejamos que aparezca la tarta con toda su altura.
Ahora llega la parte más divertida.
El caramelo.
Podemos utilizar caramelo líquido comprado o preparar nuestro propio caramelo casero.
Lo vertemos sobre la superficie de la tarta y dejamos que se extienda.
Podemos cubrir únicamente la parte superior o dejar que una pequeña cantidad caiga por los lados para conseguir un acabado todavía más espectacular.
Visualmente, este momento queda precioso.
La superficie clara de la tarta contrasta con el color intenso y brillante del caramelo.
Consejos para que la tarta quede perfecta
El primer consejo es respetar el tiempo de frío.
Aunque tengamos ganas de probarla, debemos dejar que repose correctamente.
También es recomendable utilizar un molde desmontable de 20 centímetros. Un molde demasiado grande hará que la tarta quede baja y el corte resultará menos espectacular.
Otro detalle importante es añadir el caramelo cuando la tarta esté completamente fría.
Así podremos controlar mejor cómo se reparte sobre la superficie.