El pastel de queso al horno es uno de los postres más queridos y universales. Su éxito reside en la sencillez: pocos ingredientes, buena materia prima y una cocción tranquila que permite obtener una textura cremosa y un sabor equilibrado.
Esta versión es la tarta de queso clásica, hecha con queso tipo Philadelphia o similar, sin añadidos innecesarios. No busca ser alta ni espectacular, sino cremosa, suave y agradable, de las que se disfrutan cucharada a cucharada.
Ingredientes
-
500 g de queso crema tipo Philadelphia
-
3 huevos tamaño L
-
150 g de azúcar
-
200 ml de nata para montar
-
1 cucharadita de vainilla (opcional)
(Opcional base de galleta)
-
150 g de galletas tipo María
-
70 g de mantequilla derretida
Preparación paso a paso
Si deseas base de galleta, comenzamos triturando las galletas y mezclándolas con la mantequilla derretida. Cubrimos el fondo del molde presionando ligeramente y reservamos en la nevera.
En un bol amplio ponemos el queso crema y lo mezclamos suavemente hasta que esté cremoso. Añadimos el azúcar y mezclamos sin batir en exceso.
Incorporamos los huevos uno a uno, mezclando con suavidad después de cada adición. Añadimos la nata y la vainilla y mezclamos hasta integrar. Es importante no batir fuerte para evitar introducir aire, lo que podría provocar grietas durante el horneado.
Vertemos la mezcla en el molde y damos unos pequeños golpes para eliminar burbujas.
Horneamos a 170 °C, calor arriba y abajo, durante unos 45–50 minutos. La tarta estará lista cuando los bordes estén cuajados y el centro tiemble ligeramente al mover el molde.
Apagamos el horno y dejamos la puerta entreabierta unos minutos. Sacamos la tarta y la dejamos reposar a temperatura ambiente. Una vez fría, la llevamos a la nevera al menos 4 horas antes de desmoldar.
El resultado es un pastel de queso cremoso, suave y equilibrado, perfecto para servir solo o acompañado de mermelada o frutas.