Recetas con café molido para chuparse los dedos y disfrutar de un día lleno de energía
En España, cada año, se consumen más de 100.000 toneladas de café. El árbol del que se extraen las semillas que, posteriormente, se muelen antes de elaborar la famosa bebida es originario de Etiopía. Con todo y con eso, nuestro país también cultiva café en las Canarias. Concretamente, lo hace en el pequeño municipio de Agaete. Aunque el café tiene algunos detractores que afirman que causa insomnio, nerviosismo, irritabilidad y taquicardias, la verdad es que la ciencia respalda que un consumo moderado comporta ciertos beneficios. La cafeína, por ejemplo, estimula la memoria y ayuda a restablecerla en pacientes con la enfermedad de Alzheimer. Además, tomar café antes de hacer ejercicio potencia la quema de grasas. También es muy útil en personas con la tensión baja, ya que la cafeína sube el ritmo cardíaco y la presión arterial. En definitiva, que tiene sus ventajas y, por esta razón, y porque hay personas a las que les gusta, a continuación comentamos dos recetas que se pueden hacer con café molido, para quienes están hambrientos y quieren matar el gusanillo con algo rico que les dé un chute de energía.
Helado de vainilla con café frío (fuente: Pixabay.com)
Empezar la mañana con energía
El desayuno es la comida más importante del día. Después de haber pasado toda la noche en ayunas, hace falta llenar el estómago. Aunque los amantes de lo salado quizás prefieren un buen par de tostadas de jamón serrano con queso y aceite de oliva virgen extra, quienes son más de dulce pueden iniciar el día con algo más goloso: unas cuantas magdalenas caseras de café. Para que la receta final tenga menos calorías de lo habitual, sólo hay que reemplazar unos cuantos ingredientes por otros más saludables.En esta ocasión, te proponemos utilizar:
- 250 mL de leche semidesnatada o desnatada (esta última tiene todavía menos calorías que la anterior).
- 250 mL de aceite de oliva, en lugar de utilizar aceite de girasol.
- 1 cucharadita y media de estevia líquida o en polvo (un edulcorante natural con el que sustituir el azúcar).
- 315 g de harina de avena.
- 4 huevos.
- 1 cucharada sopera de café soluble o café molido, como el de la marca Malongo.
- 1 sobre de polvos de hornear (para quien quiera evitar el sulfato de aluminio, conviene saber que hay marcas que lo reemplazan por carbonato de calcio).
Magdalenas decoradas con manga pastelera (fuente: Pixabay.com)
Preparando unas cuantas magdalenas bien hermosas
Los pasos son sencillos:
- Lo primero es disolver el café soluble o el café molido en leche caliente y batir la mezcla hasta que quede libre de grumos.
- Una vez hecho esto, nos ponemos con los huevos. Primero, comenzamos a batirlos. Luego, les agregamos la estevia líquida y, acto seguido, seguimos batiendo los huevos junto a este edulcorante natural, hasta conseguir una especie de crema suave.
- A continuación, batimos la mezcla de leche y café con la mezcla de huevos y estevia. Cuando está todo bien mezclado, sumamos el aceite de oliva (cuyas grasas son más fáciles de quemar que las del aceite de girasol).
- Añadimos la harina de avena y los polvos de hornear. Hay quienes, en lugar de utilizar polvos de hornear, eligen levadura (creen que la levadura es más sana). Ambas opciones son aptas para el consumo humano. La levadura es un hongo y, a priori, puede parecer mejor opción. Sin embargo, algunos comensales podrían notar un ligero sabor que, mientras que en el pan no es desagradable, en las magdalenas podría resultar poco apetecible al paladar. Es importante añadir la harina y los polvos de hornear progresivamente, para que batir los ingredientes resulte mucho más sencillo.
- Con ayuda de una cuchara, vertemos cuidadosamente la mezcla en los moldes de papel. También se puede utilizar una jarrita con la mezcla. Ambas opciones son igual de válidas, aunque verter el contenido con la jarra resulta más rápido y limpio.
- Finalmente, para endulzar todavía un poquito más las magdalenas, se puede extender algo de miel por encima. También, como acabado final, se puede espolvorear café y/o cacao en polvo.
- Por último, sólo queda hornear las magdalenas. A una temperatura de 200 ºC, durante un cuarto de hora exacto y habiendo precalentado el horno con anterioridad, las magdalenas deberían tomar cuerpo y subir como la espuma.
Despedir la comida con un dulce manjar
Otra receta sencilla con café molido que se puede hacer es nuestro flan. Se trata de un dulce para tomar tanto en el postre como en la merienda. Además, combina bien con frutas como las fresas y las frambuesas (conviene aprovechar que estamos dentro de la temporada. Hasta junio, hay tiempo para encontrar fresas dulces con las que acompañar el flan de café sin horno). Para esta receta, no hemos tenido en cuenta las calorías, pero quien prefiera una alternativa que engorde menos, puede aplicar los sustitutos naturales que ya hemos explicado en la receta anterior para hacer magdalenas.
Flan con caramelo y frambuesas (fuente: Pixabay.com)
- En una sartén, sobre una vitrocerámica encendida a temperatura media-baja, echamos 160 g de azúcar blanco. Con una paleta vamos dando vueltas al azúcar hasta que éste se funda y alcance la consistencia de un jarabe espeso y de color caramelo intenso (marrón brillante).
- Vertemos el caramelo en el molde que hemos escogido para preparar nuestro flan de café. Una vez vertido, dejamos el molde a un lado para ponernos inmediatamente con los huevos. Podemos utilizar una licuadora o batirlos manualmente. A los 5 huevos, añadiremos 350 mL de leche y 180 g de queso crema. También pondremos dos cucharaditas de vainilla líquida y dos cucharadas de café soluble o molido. Por el momento, sólo queda batir con ganas. La licuadora es muy útil en este paso, porque permite conseguir una mezcla libre de grumos muy rápidamente.
- Para quitar la espuma de la mezcla, removemos con una cuchara de madera y volvemos a batir. Una vez hecho esto, el siguiente paso es verter la mezcla de la licuadora en el molde con caramelo. Recomendamos utilizar un colador para evitar que, si todavía quedan grumos, éstos no pasen al molde. Quitamos las burbujas de la superficie de la mezcla vertida sobre el caramelo y cubrimos el molde con papel de aluminio.
- Colocamos el molde dentro de una olla, lo tapamos y, durante una hora y tres cuartos aproximadamente (si vemos que necesita un poco más de tiempo, podemos dejarlo hasta dos horas), lo horneamos a temperatura baja.
Finalmente, sólo queda extraer el flan, dejar aparte el molde, observar la buena apariencia que tiene el flan (con el rico caramelo que lo cubre por encima) y darle unos últimos toques. Se puede espolvorear por encima trocitos de nueces o pistachos y colocar unas cuantas fresas (cortadas en triángulos, para mejorar la presentación) o algunas frambuesas enteras.